Hay muchos recuerdos que tenemos de nuestra niñez; mi primera memoria es de una mano gentil y cariñosa pero aun dura y “callosienta,” la mano lentamente me acariciaba al dormir. Entre las caricias de amor y de ternura sentí un día que me engolfó una visión; una visión que me transportaría  a un lugar lejano pero aún muy cerca donde llegué como una llovizna de primavera al amanecer de un día.

En la visión, una jovencita se encontraba abrochando las agujetas de sus zapatos y sonriendo; murmuraba: “Los zapatos son mejores que los de la Cenicienta…” Su vestido largo y hermoso parecía que era de un cuento de hadas, que al caminar con él se preguntaba: “ Ay, este vestido es más pesado de lo que yo pensaba, pero mira que elegante…” Su chamberlán la ha estado esperando  pacientemente, mientras ella se preparaba para este gran día, ella había estado soñando con este día toda su vida y hoy se cumplía el día. Hoy sería su gran debut.  Hoy va ser el centro de atención Hoy es el día de su quinceañera.

Al abrir la puerta de su cuarto su chamberlán la toma de su brazo y con sonrisas y carcajadas le murmura en su oído “Qué flaco estás, con razón tu sobrenombre es Flaco.” Al llegar a la iglesia ella exclamó con admiración “¡Mira qué hermosas flores blancas y mira el coro que lindo se ve, cantando con sus trajes rojos!” La nave de la iglesia parece que se extiende hasta lo más profundo de la eternidad y la “Corte de Honor” la ha estado esperando con  anticipación a su llegada. Al ver su noble “Corte de Honor,” sorprendida y gustosa dice: “Mira mis damas, todas con sus sombreritos verdes y sus vestidos cafecitos y también sus chamberlanes que dignos y refinados se ven con sus trajes verdes.” Su corazón latía con inmensa alegría. Lo único que le perpleja es tener que recibir tantos invitados con gran reverencia y doblar dignamente sus rodillas como es la costumbre digna de cada nueva señorita de la sociedad. Repentinamente en la distancia se escucha una melodía entre los soplidos del viento “Hoy le compré a mi niña su última muñeca…” Al escuchar estas palabras abraza lentamente a su chamberlán Flaco y dice entre voz “Papito lindo te acordaste de nuestra canción” y una triste lágrima se le rodó de su mejilla.

Hoy es un día especial, hoy es el día de su quinceañera.

La verdad era otra: Los zapatos de Cenicienta eran botas amarradas hasta las rodillas para prevenir que las lagartijas del campo subieran entre los pantalones. Su vestido de cuento de hadas eran costales de malva que estaban sostenidos con ganchos de un cinto de trabajo. Su chamberlain “Flaco” era un asadón que no soltaría de su mano hasta el fin de la jornada del día de trabajo. La iglesia era una labor en Moses Lake, Washington y las flores blancas eran de un árbol magnolia, donde se encontraban unos cardenales  comiendo insectos y gorjeando como un coro. La nave de la iglesia que se extendía hasta la eternidas eran los surcos donde en realidad doblaba las rodillas todo el día para quitar las yerbas y cosechar las papas que la esperaban  con anticipación como una “Corte de Honor.” Lo único cierto de este relato fue la triste lágrima que se le rodó de su mejilla; porque habían ya pasado ocho años cuando su papá le regaló su última muñeca antes de morir. Ésta fue la quinceañera de Juanita, mi madrecita, una jovencita con sueños de niña, pero atrapada en la dura realidad de la vida.

Las manos duras y callosientas son las manos de mi madre, sin sus callos son  simplemente manos. Esas manos callosas y duras me acariciaron cuando necesitaba el calor de mi madre. Esas manos dieron  el calzado de mis pies y la ropa de mi costado y velaron por mi existencia. Con sus manos duras, pero gentiles me persinaban cada noche y con ellas me daba la bendición de Dios. Las manos de mi madre son un testamento de lo bendecido que yo soy de ser su hijo. No hay cosa más hermosa para mí que las manos de mi madre.

2013 Spanish Winner LAS MANOS DE LA QUINCEAÑERA by Andrés Peinado Jr.